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EL GENERAL DE LOS JESUITAS, ARTURO SOSA, DICE ESTAR “TRANQUILO” Y HABLA DE SU RELACIÓN CON EL PAPA

El venezolano Arturo Sosa dijo “estar tranquilo” tras su reciente designación como nuevo Superior General de la Compañía de Jesús, el primer sacerdote no europeo en obtener el cargo más alto de los jesuitas en 476 años de historia desde que fuera fundada por Ignacio de Loyola. Es el Superior número 31 de la historia.

“La gente me pregunta ‘¿cómo está?’ y siempre respondo que estoy tranquilo. Estoy convencido que no hay Compañía si no es ‘de Jesús’”, dijo el sacerdote entrevistado en Roma por el equipo de prensa de la Congregación General.

Fue elegido unos años después de que el cardenal argentino Jorge Bergoglio, otro jesuita, fuera elegido como el primer Papa no europeo de la historia.

Al Superior de los jesuitas se le llama Papa Negro, debido a la sotana de ese color que usan sus sacerdotes durante algunas de sus reuniones más importantes.

En octubre pasado, 215 sacerdotes jesuitas de todo el mundo se reunieron en la Congregación General (CG) número 36 de la historia, en Roma, y tras varios días de deliberaciones, lo eligieron como Superior.

Sosa comentó que durante la etapa de “murmuratio”, que es la fase final de la reunión de los jesuitas Sosa dijo que intuía que podía ser elegido. Contó que muchos de sus compañeros preguntaban por su salud y que su nombre ya resonaba en los pasillos de la Curia General.

Señaló que “el verdadero rostro de Dios es multicolor, multicultural y multivariado. Dios no es un Dios homogéneo (…) de ahí surgen vocaciones tan auténticas unas como otras. Puedes encontrar jesuitas, verdaderos jesuitas, en cualquier lado, de cualquier color, en cualquier actividad. Creo que hay ahí un signo de la Iglesia para el mundo”, manifestó.

 “Si ellos me eligieron ha sido por algo, y trataré de responder lo mejor que pueda”, manifestó Sosa.

El General recordó que fue elegido como delegado a la CG número 33, realizada en 1983, cuando apenas tenía 34 años, constituyéndose de esa forma en el “congregado más joven”. También participó de la CG 34, de 1995, y la 35, de 2008.

En ese momento fue elegido como miembro del Consejo General pero sin vivir en Roma. Años más tarde fue nombrado responsable de las 400 casas internacionales de la Compañía, y fue destinado a esa ciudad. Gracias a ello en estos dos últimos años ha tenido la oportunidad de encontrarse en varias ocasiones con el Papa Francisco.

“La relación ha sido siempre muy gentil y con mucha chispa, con esa sintonía propia de este Papa que nace de la simpatía”, agregó.

Y concluyó en que, “Francisco nos está confirmando que estamos en la dirección propia de la misión de la Compañía. Incluso nos anima a ir más allá, como si dijera: ‘ustedes están todavía muy atrás en lo que pueden hacer’”.

Su vida

El General nació un 12 de noviembre de 1948. “Mis abuelos vivieron una gran pobreza, pero mi padre ya fue de la generación que construyó el país. Éramos una familia muy extendida, donde compartíamos el mismo espacio varias generaciones. Para mí fue muy importante estar tan juntos. (…). Éramos una familia muy católica, aunque poco expresiva en su religiosidad”, dijo.

Sosa estudió en el colegio San Ignacio, en Caracas, del que asegura fue su segundo hogar y donde nació su vocación de servicio. “Yo conocí a los jesuitas en el colegio y nunca tuve ninguna duda sobre mi vocación a la Compañía”.

Recuerda que su objetivo era hacer algo por su país y que muchos compañeros de su generación compartieron esa misión desde diferentes esferas. “Mi generación fue muy sensible a las necesidades de seguir construyendo el país, otros compañeros de grupos y de la Congregación Mariana fueron médicos, ingenieros, se fueron al Amazonas (...), había un sentido de fondo, creímos en un proyecto de país, de sociedad”, expresó.

Recordó el debate generado durante el Concilio Vaticano II y como en ese contexto los documentos de la Compañía fueron modificados desde las bases “como un grito que había que escuchar, la propia gente decía que teníamos que cambiar, y eso significó un grandísimo aliento para la Iglesia latinoamericana y para la Iglesia venezolana”.

La iglesia en Venezuela fue prácticamente eliminada en un contexto de una sociedad altamente laica; el trabajo de las misiones era importante.  

Fue así que en mayo de 1968, los provinciales (jefes nacionales) jesuitas de América Latina, reunidos con el Superior General, el español Pedro Arrupe, dirigieron una misiva a la Compañía, llamada "Carta de Río”, fue clave para el impulso de la posición de la Compañía en la defensa de la justicia social en Latinoamérica.

Pero además en esa época la Compañía dio inicio a los Centros de Investigación y Acción Social (CIAS) en América Latina, para que los jesuitas pudieran realizar estudios en economía, sociología, antropología y formar a grupos de investigación y de trabajo.

El Centro Gumilla fue uno de los primeros CIAS en Venezuela y Sosa fue enviado como “maestrillo” al de Barquisimeto. “Este centro se ocupaba fundamentalmente de las cooperativas campesinas en los barrios de dicha población”, explicó.

Posteriormente fue enviado a Roma para estudiar teología y luego inició sus estudios en ciencias políticas en la Universidad Central de Venezuela, la casa de estudios más importante de ese país y donde pudo desarrollar amplias discusiones ideológicas.

Desde 1977 hasta 1996 fue destinado al Centro Gumilla en Caracas y trabajó como director de la revista “SIC”, que difundía el trabajo de investigación que éste realizaba. Al mismo tiempo hizo su doctorado e impartió clases.

En 1996 fue nombrado provincial, año en el que recuerda que la Compañía y las obras de los jesuitas se encontraban ya muy fortalecidas en Venezuela.

“De ahí salió la idea de hacer un proyecto apostólico de Las Flores de Catia, es un barrio popular de Caracas donde la Compañía de Jesús tiene el Instituto Técnico Jesús Obrero, Instituto Universitario Fe y Alegría y la parroquia Jesús Obrero, donde reside la comunidad jesuita en la que vivió el P. General”, señaló.

Después se creó la Universidad en Táchira, a unos 1.000 km de Caracas, en la frontera con Colombia, lugar donde no había posibilidad de estudios universitarios. En Táchira los jesuitas también trabajan en dos parroquias en la zona de frontera, una emisora de radio y cinco escuelas de Fe y Alegría; en la parte colombiana también existen instituciones de la Compañía, especialmente escuelas de Fe y Alegría.

En la entrevista, entre otras experiencias mencionó la creación de la Asociación de Universidades confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), que promovió proyectos contra la pobreza y a favor del liderazgo juvenil.

 /MAMP/RPU/
 

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