Reducciones Jesuitas
Reducciones Jesuíticas de Chiquitos y Mojos
Por P. Antonio Menacho, S.J.
La principal labor misional de los jesuitas en la Bolivia colonial fue, sin duda, la realizada a través de las reducciones de Chiquitos y de Mojos. Forman parte de las tantas veces historiadas “reducciones del Paraguay”, por pertenecer en su mayor parte a esa Provincia jesuítica, a pesar de estar en territorio de lo que hoy llamamos Bolivia. Mucho se ha escrito sobre ellas y sobre el trabajo que en ellas se realizó. Aquí haremos solamente un breve esbozo de la historia de la misma y de los métodos misionales empleados.
La casi totalidad de los departamentos actuales de Santa Cruz y Beni eran terreno virgen para los misioneros y en gran parte también para los españoles. Los métodos empleados en otros terrenos en los que la cruz acompañaba a la espada no pareció el más conveniente a los jesuitas que fueron a aquellas tierras. La idiosincrasia de los indios y los inconvenientes que se seguían de esa “conquista espiritual” hacía que saltase a la vista de los misioneros que había que encontrar otros métodos. Por ello optaron por el camino mucho más lento de “reducir” a la vida civilizada y cristiana a los indios en sus propios lugares, fundando pueblos para ellos, en los que los indios colaborasen en el trabajo, sin ser simples sirvientes o esclavos de los españoles. Sabían los jesuitas por experiencia vivida durante los años que estuvieron en Santa Cruz que las entradas de los españoles a esas tierras solían acabar con la reducción al cautiverio de una cantidad de indios llevados a la ciudad como esclavos. Si bien los jesuitas acompañaron en más de una entrada a la selva a los soldados españoles fue para convencerse y para trabajar para hacer las condiciones de los indios más viables y menos inhumanas. Ello les llevó a pensar el método de las reducciones y a conseguir de parte del Rey la prohibición absoluta de que los españoles pudieran acercarse o ir a vivir a las poblaciones de indios que ellos iban fundando.
La primera reducción que se fundó fue la de San Javier (1690). Tuvo que cambiar diversas veces de lugar por las inundaciones y por lo insano del clima, pero al fin quedó como primer paso hacia la expansión desde Santa Cruz hacia el Paraguay. En ese territorio se llegaron a fundar hasta doce reducciones, diez de las cuales permanecen aún hoy como poblaciones importantes. Estas fueron, además de la citada y por den cronológico de su fundación, San Rafael (1696), San José (1698), fundada muy cerca del lugar en que quedaron las ruinas de la primera fundación de la ciudad de Santa Cruz, San Juan Bautista (1699), -como dependiente de ella se fundó también San Ignacio de Zamucos que con el tiempo desapareció- Concepción (1700), San Miguel (1721), San Ignacio (1748), Santiago (1754), Santa Ana (1755), Santo Corazón (1757).
Como se puede apreciar al ubicar las reducciones en un mapa, su fundación va extendiéndose cada vez más hacia el oriente, al tiempo que desde Asunción del Paraguay se iban extendiendo hacia el norte con el deseo de hacer una ruta por la cual pudiesen los jesuitas y las reducciones comunicarse con más facilidad. En realidad fue siempre un intento de los jesuitas comunicar Asunción con Santa Cruz a través del oriente boliviano y del río Paraguay, pues en aquella época había que hacer el larguísimo viaje a través de Buenos Aires. Estos intentos costaron la vida a tres jesuitas durante los más de veinte años que emplearon en esa exploración.
Al tiempo de expulsión de los jesuitas eran cerca de 25 mil los habitantes que habían en estas reducciones, y todas ellas han permanecido en pie posteriormente como poblaciones estables.
Casi al mismo tiempo comenzaron las reducciones del departamento del Beni. Los motivos que llevaron a fundarlas fueron los mismos que las de Chiquitos, aunque dependieron de la Provincia del Perú. Varias veces habían ya entrado los jesuitas en visitas más o menos largas. Las dificultades que se presentaban eran superiores por el clima mucho más duro y las inundaciones periódicas impedían una movilización estable. Estas fueron causa de muchas enfermedades de los misioneros. Sin embargo en 1675 ya se animaron a fundar la primera población estable con los indios que habían ido poniendo en contacto en anteriores excursiones y se fundó la misión de Ntra. Señora del Loreto. En 1696 se fundó la de Trinidad y así fueron siguiendo hasta otras veinte que tuvieron suerte diversa cuando fueron expulsados los jesuitas, habiendo desaparecido varias de ellas que llevaban poco tiempo de fundadas. Cuarenta y seis jesuitas cuidaban de ellas al tiempo de la expulsión y más de treinta y tres mil indios las poblaban. Ponemos solamente los nombres de las poblaciones o reducciones fundadas en Mojos: Desposorios (Palometas), Loreto, Stma. Trinidad, San Javier, San Pedro, Santa Ana, Exaltación, San Ignacio, San José, San Borja, San Pablo, Santos Reyes, Santa María Magdalena, Concepción, San Joaquín, San Luis Gonzaga, San Martín, San Nicolás, San Miguel, Santa Rosa, San Simón. La mayoría de los núcleos poblaciones del actual departamento del Beni son, pues, fundaciones de los jesuitas en el siglo 16 y 17.
En la organización de la vida de estas misiones fueron muy celosos los jesuitas de que no entrasen los españoles, pues el afán de lucro disfrazado de diversas caretas había llevado a explotar a los indios en muchísimos lugares, cuando no los habían reducido a la esclavitud, impidiendo así una verdadera evangelización. Por ello procuraron por todos los medios y consiguieron de Felipe II una patente prohibiendo terminantemente a los blancos, con excepción del Gobernador, entrar a las misiones sin permiso de los religiosos. A pesar de ellos no faltaron expediciones en que centenares de indios fueron llevados cautivos, entorpeciendo la labor misional. Tan lejos llegó esta cuestión que el Padre Procurador de la Compañía de Jesús en Perú, con la autorización del Superior General de la Orden llegó a poner formal acusación ante el Rey contra el Gobernador de Santa Cruz. Nueva cédula Real en 1720 atajó definitivamente la penetración civil a las Misiones.
De este cuidado que los jesuitas pusieron en proteger a los indios de sus misiones de las apetencias y rapacidades de los blancos nacieron gravísimas acusaciones y persecuciones que contra ellos y sus indios se levantaron, sobre todo en el Paraguay, pero sin quedar libres de las mismas los de Mojos y Chiquitos. Para los criollos, necesitados de mano de obra, era inadmisible y al mismo tiempo una tentación, que tantos miles de indios no pasaran a trabajar a sus haciendas. La ola de calumnias se levantaba periódicamente, y aunque la corte y las leyes daban la razón a los indios y a sus misiones, sin embargo no se veían libres de molestias. Las acusaciones del capitán del Presidio de Buenos Aires, Blas Zapata, apoyadas por el Virrey del Perú, Príncipe de Santo Bueno, llevaron al Consejo de Indias a movilizar sus recursos para averiguar la verdad de las acusaciones. Al fin el Rey ordenó que no se innovase nada en el régimen de las doctrinas.
El desarrollo material que alcanzaron es suficiente prueba lo que ha quedado en pie hasta hoy día. Entre los que más contribuyeron a este esplendor hay que citar al P. Martín Schmid que dedicó casi cincuenta años de su vida a trabajar entre los chiquitos. Era un hombre extraordinario habilidoso y supo hacer uso de su habilidad para hacer progresar a los indios. Gran aficionado a la música, se llevó desde Potosí un órgano desmontado a las misiones y lo construyó allí conforme a ese modelo órganos para diversos pueblos. (En san Pedro de Mojos llegó a haber un coro polifónico de más de cuarenta voces y se conservan aún partituras de cantos litúrgicos en lenguas aborígenes). Enseñaron a cantar a los indios, y en todos los pueblos hubo coros y orquestas con instrumentos de cuerda y viento fabricados en las mismas misiones. Se enseñó a los indios a trabajar la madera, el bronce, hierro y otros metales, y se les hizo diestros en el manejo del torno y otras herramientas. Aprendieron a tejer, a pintar, a dorar y a fabricar colores. El mismo Padre Schmid fabricaba relojes para las Iglesias que eran regulados con los relojes de sol pintados en todos los claustros. También hizo mapas para orientarse y saber la hora por la noche siguiendo el curso de las estrellas cuando salían de excursión. La obra que más ha perdurado es la de los templos en las cuales hay, a pesar del paso del tiempo muchas obras de arte construidas en esa época y que dan por sí mismas testimonio del grado de cultura y desarrollo a que llegaron.
La organización social de las reducciones ha sido estudiada y comentada en diversos estudios. Creemos sinceramente que no está lejos de lo más deseable que se podía hacer en aquellas épocas y que difícilmente pueda concebirse ni repetirse una experiencia misional como aquella. Sí se puede afirmar que gracias a las reducciones llegó la cultura y el cristianismo con un signo que no ha sido repetido a esa escala en ninguna otra misión en la historia de la Iglesia.
(Jesuitas en Bolivia 1572-1767 y 1881-1981, P. Antonio Menacho, S.J.)
Actualizado (Lunes, 30 de Julio de 2012 19:57)


